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Israel / Israele
Apéndices a Poesia in forma di rosa
Tutte le poesie, Tomo I, Meridiani Mondadori, Milano 2003
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Israel

Sé que el viejo Ben Gurión

Sé que el viejo Ben Gurión)
(corredor de carreras campestres
que ha recorrido a pie por última vez
el camino del Parlamento)
está en su kibbutz, en el exilio,
como un niño escapado de casa.

Los heridos no están intimidados por los heridos.
Es más, pueden acusarlos:”Decid, vosotros, en lo íntimo
heridos por una gloriosa, milenaria timidez...
¿por qué os habéis evadido del mundo,
para reconstruirlo según los viejos amores
que tanto os han intimidado?

¿Cómo podéis soportar, minoría
de víctimas antiguas,
estar ahora, en el kibbutz, en las ciudades,
una mayoría llena de la dignidad de ser?

Vosotros, que habéis ganado con la Razón
a la No-Razón, a cuyo mito tanto, por otra parte,
habíais contribuído, ¿por qué?
¿Por qué os dejáis hoy vencer por sus fábulas
más marchitas – este regreso a la tierra?

He visto en una calle de los departamentos
del Norte, entre reforestaciones y depósitos
de un mundo desnudo, todavía, como una colonia,
pero ya profundamente trabajado, a un pequeño
hebreo de los vuestros subproletario, no más
que un sombrío pastorcillo lucano... o sirio...
¿Qué os empuja a la experiencia de la pobreza?

He visto, con blancas manos de intelectual
a un hebreo utilizar herramientas de agricultor.
¿Qué sentido tiene hacer esta experiencia
ahora que precisamente el mundo campesino muere,
desde la prehistoria hecho historia (con todo
lo que vosotros, con Griegos, Florentinos,
Europeos habéis
dado, para que fuera historia del hombre)
-para ceder el sitio a una Nueva Prehistoria?

¿Acaso es una solución exorcizar
la cueva familiar - la institución
de la pobreza y del terror?
¿Por una cueva colectiva consagrada
por los mitos de las religiones industriales,
para aterrorizados?

Esta Tierra ¿no fue Tierra Prometida
cuando estaba en el centro del mundo?
Ahora está a sus márgenes: y vosotros ¿creéis
que es siempre la misma, elegida por Dios
para vosotros?

¿Cómo podéis vosotros, laicos más que cada laico,
fundar el más laico de los Estados
sobre una promesa de Dios?

Pero yo soy de vuestra absurda patria
como uno de vuestros conciudadanos.
 

Agotada la primera mirada

Agotada la primera mirada, Tel Aviv
no es más que una ciudad con su vida.
Con la vida de una mayoría.
Con su destino que puede no interesar,
que puede no conmover. La vida
que sigue adelante, adelante siempre
de los demás, como en todo el mundo.
Una ciudad cerrada, perdida en sí misma,
huraña, carente de aquella ternura,
aquella necesidad de ayuda, aquella necesidad
de liberarse vehementemente, para regalar,
su propia historia.

Mis ojos, inconscientemente, culpablemente,
son para los pocos árabes - que reconozco
no tanto por el paso como por los ojos.
Muchos Hebreos se asemejan a ellos (venidos
de Marruecos, del Yemen pastoral): pero
se distinguen enseguida, como por elección.
En los ojos de los Hebreos, se lee, en efecto,
la lucha contra el deseo de no ser,
en los de los árabes en cambio se lee la estúpida,
la cara voracidad de ser.
 

El desierto

El desierto (conquistado metro a metro,
por arbolitos alineados), la aparición
de Berseva, el Desert Inn, la llegada a Sodoma,
el encuentro con alguna tribu de beduinos...
La historia de los caros a Dios ¿cuál es?
¿Ésta de los Hebreos que ahora aquí
tiene la enormidad de locos esqueletos industriales,
o la de los beduinos, solos con sus ojos
de alegres serpientes entre los harapos?
 

Terminado mi día

Terminado mi día de fiesta, cansado
petulante turista (investigador
neurótico por un panel capitalista,
finalmente) me doy cuenta de que ninguno de los chicos
vistos en las turbias orillas de Tiberíades
- pasando su día de fiesta,
en los autoestop, en la pesca, en el esquí acuático,
centroeuropeos rechazados al sol de las colonias –
ha levantado nunca la voz o sonreído.
 

Venido quizá de Córdoba

Venido quizá de Cordoba, de Sevilla,
donde la sangre árabe y la latina
le dan a un muchacho hebreo la absurdidad
de una belleza cocida por tres soles,
se finge aquí perdido tocando un instrumento,
guitarra o banjo, patiabierto en vilo
sobre la acera, la entrepierna del pantalón
americano que parece reventar, consumido
por suprema elegancia, como es. Loca
por él, una muchachita le llama,
vuelve a llamarle, finge no querer saber nada de él,
y tener otras rabias en su alma.
Él no sabe lo que significa ser amados,
niño salvaje, con hombros de atleta,
o lo sabe... y arrecia su timidez,
en la payasada del canto, y si por azar
le hace caso a ella, ya es un padre, o una tierna
madre: viene de los paises en los que el hijo
sabe que debe ser un rey. Y los compañeros
inquietos sobre la acera mellada
delante de un nuevo cine de Jerusalén,
sobre la calle color de las vísceras, del polvo
de las pestes, ellos también tienen para el juego del amigo
ojos risueños y consternados – deshechos
por aquel regazo donde reina el pudor
ahora locamente tenso como el de los héroes
griegos cuando se batían los muslos riendo.
Son tan puros
porque en Jerusalén habrá nuevas matanzas,
su sangre ya corre, su carne
ya está martirizada, su ceniza recogida,
víctimas, que sin embargo ríen de una elección
que los ve libres sólo de ser futuros muertos.

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Israele

So che il vecchio Ben Gurion

So che il vecchio Ben Gurion 
(corridore di corse campestri 
che ha fatto a piedi per l’ultima volta 
la strada del Parlamento) 
è nel suo kibutz, in esilio, 
come un bambino scappato di casa. 

I feriti non sono intimiditi dai feriti. 
Anzi, li possono accusare: «Dite, voi, nell’intimo 
feriti da una gloriosa, milenaria timidezza... 
perché siete evasi dal mondo, 
per ricostruirlo secondo i vecchi amori 
che tanto vi hanno intimiditi? 

Come potete sopportare, minoranza 
di vittime antiche, 
di essere ora, nei kibutz, nelle città,
una maggioranza piena della dignità di essere? 

Voi, che avete vinto con la Ragione 
la Non-Ragione, al cui mito tanto, peraltro, 
avevate contribuito, perché 
perché vi lasciate oggi vincere dalle sue fiabe 
più sfiorite — questo ritorno alla terra? 

Ho visto in una strada dei dipartimenti 
del Nord, tra rimboschimenti e giacenze 
di un mondo nudo, ancora, come una colonia, 
ma già profondamente lavorato, un piccolo 
vostro ebreo sottoproletario, non più 
che un cupo pastorello lucano... o siriano... 
Cosa vi spinge all’esperienza della povertà?

Ho visto, con bianche mani di intellettuale 
un ebreo adoperare arnesi d’agricoltore. 
Che senso ha fare questa esperienza 
ora che proprio il mondo contadino muore, 
da preistoria fatto storia (con tutto 
cià che voi, con Greci, Fiorentini, 
Europei avete 
dato, perché fosse storia dell’uomo) 
- per cedere fi posto a una Nuova Preistoria? 

È forse una soluzione esorcizzare 
il covo famigliare - l’istituto 
della povertà e del terrore? 
Per un covo collettivo consacrato 
dai miti delle religioni industriali, 
per terrorizzati? 

Qesta Terra non fu Terra Promessa 
quando era al centro del mondo? 
Ora ne è ai margini: e voi credete 
che sia sempre la stessa, scelta da Dio 
per voi? 

Come potete voi, laici più di ogni laico, 
fondare il più laico degli Stati 
su una promessa di Dio? 

Ma sono nella vostra assurda patria 
come un vostro concittadino».
 

Esaurito il primo sguardo

Esaurito il primo sguardo, Tel Aviv 
non è che una città con la sua vita. 
Con la vita di una maggioranza. 
Col suo destino che può non interessare, 
che può non commuovere. La vita 
che va avanti, avanti, sempre 
degli altri, come in tutto il mondo. 
Una città chiusa, perduta in sé, 
scostante, senza più quella tenerezza, 
quel bisogno di aiuto, quel bisogno 
di liberarsi struggentemente, per farne dono, 
della propria storia...

I miei occhi, inconsapevolmente, colpevolmente, 
sono per i pochi arabi - che riconosco 
non tanto dal passo quanto dagli occhi. 
Molti Ebrei gli assomigliano (venuti 
dal Marocco, dall’Yemen pastorale): ma 
se ne distinguono subito, come per elezione. 
Negli occhi degli Ebrei, si legge, infatti, 
la lotta contro il desiderio di non essere, 
in quelli degli arabi invece si legge la stupida, 
la cara voracità di essere. 
 

Il deserto

Il deserto (conquistato metro per metro, 
da alberelli allineati), l’apparizione 
di Berseva, il Desert Inn, l’arrivo a Sodoma, 
l’incontro con qualche tribù di beduini... 
La storia dei cari a Dio qual è? 
Questa degli Ebrei che ora qui 
ha l’enormità di pazzi scheletri industriali, 
o quella dei beduini, soli coi loro occhi 
di allegri serpenti tra gil stracci? 
 

Finito il mio giorno

Finito il mio giorno di festa, stanco 
petulante turista (ricercatore 
nevrotico per un pannello capitalistico, 
infine) mi accorgo che nessuno dei ragazzi 
visti sulle rive torbide di Tiberiade 
— a passare il loro giorno di festa, 
agli autostop, alla pesca, agli sci d’acqua, 
centroeuropei respinti nel sole delle colonie — 
ha mai alzato la voce o sorriso. 
 

Venuto forse da Cordova

Venuto forse da Cordova, da Siviglia, 
dove il sangue arabo e quello latino 
danno a un ragazzo ebreo l’assurdità 
d’una bellezza cotta da tre soli, 
si finge qui perduto a suonare uno strumento, 
chitarra, o banjo, a gambe larghe in bilico 
sul marciapiede, il cavallo dei calzoni 
americani che pare spaccarsi, consunto 
per suprema eleganza, com’è. Pazza 
di lui, una ragazzetta lo chiama, 
lo richiama, finge di non volerne sapere, 
di avere altre rabbie nella sua anima. 
Lui non sa cosa vuol dire essere amati, 
bambino selvaggio, con spalle di atleta, 
o lo sa... e infuria la sua timidezza, 
nella buffonata del canto, e se per caso 
dà retta a lei, è già un padre, o una tenera 
madre: viene dai paesi in cui il figlio 
sa che deve essere un re. E i compagni 
inquieti sul marciapiede slabbrato 
davanti a un nuovo cinema di Gerusalemme, 
sulla strada color delle viscere, della polvere 
delle pesti, hanno anche loro al gioco dell’amico 
occhi ridenti e sgomenti — sgominati 
da quel grembo dove regna il pudore 
ora follemente teso come quello degli eroi 
greci quando si battevano le coscie ridendo. 
Sono così puri 
perché a Gerusalemme ci saranno nuove stragi, 
il loro sangue già scorre, la loro carne 
è già martoriata, la loro cenere raccolta, 
vittime, che pure ridono, di una scelta 
che li vede liberi solo d’essere futuri morti. 
 


Pier Paolo Pasolini. Palabra de corsario - Madrid 2005

Madrid 2005: Exposición - Poemas: Indice - Pagine corsare: Sumario