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Sobre la fórmula
de Nuovi Argomenti
La nuestra es, en
primer lugar, “una revista che sirve para preparar una revista”. Con lo
cual, no tiene un programa. En lugar de programa tiene una fórmula,
que es la siguiente: una serie de cuatro o cinco “investigaciones paralelas”,
en varios capítulos, desarrolladas libremente por cuatro o cinco
colaboradores fijos (Moravia, Pasolini, Leonetti, Siciliano, Fortini…).
Cada una de estas “investigaciones paralelas” puede versar sobre uno o
varios temas, puede tener una extensión desigual (de la nota al
ensayo), puede estar redactada en forma de diario o de estudio, puede tocar
cuestiones particulares o cuestiones generales, etc., etc..
Al principio, estas “investigaciones”, que sólo tienen en común
el hecho de desarrollarse juntas, en una misma sede, son absolutamente
libres. Esto quiere decir que, de acuerdo con el método experimental,
ante todo se investigan a sí mismas. Además, al igual que
un cuerpo vivo, a lo largo de su desarrollo también pueden modificarse,
corregirse o negarse. Todo esto está justificado porque, de alguna
manera, esta “revista para preparar una revista” tiene necesariamente que
volver a plantearlo todo desde el principio, y por lo tanto ninguno de
los colaboradores sabe si la nueva elaboración de su pensamiento
le llevará a algo [de interés] público. Como decíamos,
no hay programas. Los únicos datos comunes son algunas indicaciones,
bien de carácter esencialmente terminológico, bien referentes
a los contenidos, como por ejemplo “la crisis del marxismo” (acerca
de la cual, en realidad, hay que determinarlo todo: las causas, la fenomenología,
las consecuencias, etc.).
Puede ocurrir que los resultados de semejante trabajo, que se presenta
y se desarrolla como un trabajo preparatorio, al final sean desalentadores
e irremediablemente divergentes. Aun así seguirá existiendo
la necesidad de replantear desde el principio un debate cultural, cuya
inevitable interrupción nos ha llevado al vacío y a la confusión
de estos años. La necesidad de empezar de nuevo con la máxima
libertad y la máxima sinceridad. De ahí la técnica
de la revista, que si consiste, insistimos, en una serie de “investigaciones
paralelas encauzadas exclusivamente por la definición nominal de
una crisis”, es porque cualquier otra técnica está a la vez
excluida y posibilitada, partiendo del hecho de que una revista de grupo,
aseverativa, es en estos momentos irrealizable.
El prefacio de Moravia señala menos someramente -aunque también
mediante datos externos y como regla general- las que podrían ser
las condiciones internas comunes de la revista. Ninguno de nosotros sabe
ahora con exactitud de qué tipo va a ser la integración
del marxismo -aunque cada uno tenga en mente el suyo propio-; ni -por poner
un ejemplo- cuáles son los objetos verdaderamente relevantes de
la “nueva sociología” del neocapitalismo; ni con qué nueva
línea cultural se puede sustituir la vieja línea cultural
de los partidos marxistas; ni si hay algo realmente novedoso en el hecho
de volver a privilegiar la “lengua de la poesía” a expensas de la
“lengua de la prosa”, con la consiguiente adopción de una visión
talcualista a expensas de una visión ideológica; ni
hasta dónde nos conducirá la incorporación de un código
estructuralista, etc., etc. Y todo esto ciñéndonos a los
datos externos, a los temas corrientes y vulgares del actual debate cultural.
Después de un año o dos con estas “investigaciones” (la técnica
de la revista contempla la máxima elasticidad: el numero de colaboradores
fijos puede doblarse o triplicarse y, al no tener un número establecido
de páginas, las colaboraciones abiertas a la experimentación
pueden ser de lo más variado y amplio) intentaremos averiguar, en
una especie de dieta, si hemos conseguido alcanzar algo en común
y cuánto puede ser públicamente válido; si se
dan o no las premisas para una refundación de la cultura marxista
que parta del marxismo, en la más alta y compleja fase de su desarrollo
-y de su crisis entendida como hambre insatisfecha de nuevas formas revolucionarias
de conocimiento.
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[Sulla formula di
«Nuovi Argomenti»]
La nostra è,
anzitutto, «una rivista che serve a preparare una rivista».
Come tale non ha un programma. Al posto del programma ha una formula, che
è la seguente: una serie di quattro-cinque «ricerche parallele»,
a puntate, condotte liberamente da quattro-cinque collaboratori fissi (Moravia,
Pasolini, Leonetti, Siciliano, Fortini...). Ognuna di queste «ricerche
parallele», può avere un tema o più temi, può
essere di ampiezza disuguale (dalla nota al saggio), può, essere
stesa sotto forma di diario o di studio, può toccare argomenti particolari
o argomenti generali ecc. ecc.
All’inizio queste «ricerche» che hanno in comune solo il fatto
di svolgersi insieme, in una stessa sede, sono del tutto libere, ossia,
secondo il sistema sperimentale, ricercano prima di tutto se stesse. Inoltre,
come un corpo vivo, nell’evolversi, possono anche modificarsi, correggersi
o negarsi. Tutto ciò è giustificato dal fatto che, in qualche
modo, questa «rivista per preparare una rivista» si trova nella
necessità di ricominciare tutto daccapo, e quindi nessuno dei collaboratori
«sa» a cosa di pubblico lo porterà la nuova elaborazione
del suo pensiero. Non ci sono programmi, come dicevamo. Gli unici dati
comuni sono delle indicazioni o semplicemente terminologiche o schematicamente
contenutistiche, per esempio «la crisi del marxismo» (su cui
c’è in realtà da precisare tutto, le cause, la fenomenologia,
le conseguenze ecc.).
Può darsi che i risultati di un simile lavoro che si presenta e
si svolge come preparatorio siano alla fine scoraggianti e irrimediabilmente
divergenti: si dà tuttavia la necessità di dover «ricominciare»
un dibattito culturale, la cui inevitabile interruzione, ha portato al
vuoto e alla confusione di questi anni: di ricominciare con la massima
iibertà e la massima sincerità. Da ciò la «tecnica»
della rivista. Che se consiste, ripetiamo, in una serie di «ricerche
parallele non programmate se non dalla definizione nominale di una crisi»,
vuol dire che ogni altra tecnica insieme esclusa e resa possibile; restando
fermo iI punto che ogni rivista di gruppo, asseverativa, si presenta in
questo momento come irrealizzabile.
La prefazione di Moravia indica meno sommariamente - benché sempre
attraverso dati esteriori e con finalità di massima - quelle che
potranno essere le condizioni interne comuni della rivista. Nessuno di
noi sa ora con esattezza di che tipo sia l’integrazione del marxismo -
che pure ognuno di noi ha in mente - né - elencando a caso - quali
siano gli oggetti veramente rilevanti della «nuova sociologia»
del neocapitalismo, né con che nuova linea culturale sia possibile
sostituire la vecchia linea culturale dei partiti marxisti, né se
ci sia qualcosa di realmente nuovo nella riadozione della «lingua
della poesia» ai danni della «lingua della prosa», con
la conseguente riadozione di una visione «talqualistica» ai
danni della visione «ideologica», né fino a che punto
si spingerà l’assunzione di un codice strutturalistico ecc. ecc.:
e tutto questo per restare sempre ai dati esterni, ai temi correnti e volgari
dell’attuale dibattito culturale.
Dopo uno o due anni di queste ricerche (la tecnica della rivista contempla
la massima elasticità: il numero dei collaboratori fissi puó
raddoppiarsi e triplicarsi, e, non esistendo un numero stabilito di pagine,
le collaborazioni a cui il tessuto sperimentale è aperto, sono le
piú vane e le più vaste), cercheremo di vedere, in una specie
di dieta, che cosa di comune e quanto di pubblicamente valido abbiamo ottenuto.
Se esisteranno o no le premesse di un rifondamento della cultura marxista
che parta dal marxismo, nel massimo e più complesso momento del
suo sviluppo - e della sua crisi come fame delusa di nuovi modi rivoluzionari
di conoscenza.
«Nuovi Argomenti»,
n.s., 1, gennaio-marzo 1966
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