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Carta luterana a
Italo Calvino
Dices (en Il Corriere
della Sera del 8 de octubre de 1975): «Los responsables de la carnicería
del Circeo son muchos y se comportan como si lo que han hecho fuese completamente
natural, como si tuvieran tras de sí un ambiente y una mentalidad
que les comprende y admira».
Pero ¿por qué?
Dices: «En la Roma de hoy lo que asusta es que estos ejercicios monstruosos
se producen en un clima de permisividad absoluta, sin una sombra siquiera
de desafío a las constricciones represivas».
Pero ¿por qué?
Dices: «El verdadero peligro viene de la extensión en nuestra
sociedad de ciertos estratos cancerosos».
Pero ¿por qué?
Dices: «Entre la atonía moral y la irresponsabilidad social
—de una parte de la burguesía italiana, dices— y la práctica
de maltratar y apalear no hay más que un paso».
Pero ¿por qué?
Dices: «Vivimos en un mundo en el que la escalation de la
violencia y la humillación de la persona es uno de los signos más
visibles del devenir histórico», por lo que criminalidad
política y criminalidad sexual parecen en este caso definiciones
reductivas y optimistas, dices.
Pero ¿por qué?
Dices: «Los nazis pueden ser superados en crueldad en cualquier momento».
Pero ¿por qué?
Dices: «En otros países la crisis es la misma, pero incide
en un tejido social más sólido».
Pero ¿por qué?
Hace más de dos años que intento explicar y divulgar estos
porqués. Y, a estas alturas, estoy indignado por el silencio que
me rodea siempre. Se me ha juzgado tan sólo por mi indemostrable
refoulement
católico. Nadie ha intervenido para ayudarme a seguir adelante y
profundizar mis intentos de explicación. Entonces, lo que es católico
es el silencio. Por ejemplo, el silencio de Giuseppe Branca, de Livio Zanetti,
de Giorgio Bocca, de Claudio Petruccioli, de Alberto Moravia, a quienes
he invitado por su nombre a intervenir en mi propuesta de procesar a los
culpables de esta condición italiana que describes con una ansiedad
apocalíptica: tú, tan sobrio. También tu silencio
a tantas cartas abiertas mías es católico. También
el silencio de los católicos de izquierda es católico (esos
que a estas alturas deberían tener el coraje de declararse reformistas,
o, con mayor coraje aún, luteranos. Después de tres siglos
ya va siendo hora).
Déjame que te diga que no es católico, por el contrario,
el que habla e intenta dar explicaciones, tal vez íntimas, rodeado
por el más profundo silencio. No he sido capaz de quedarme callado,
como tú no eres capaz de quedarte callado ahora. «Es preciso
haber hablado mucho para poder callar» (es un historiador chino el
que lo dice, estupendamente). Así pues, habla de una vez. ¿Por
qué?
Tú has redactado un cahier de doléances en el que
se alinean acontecimientos y fenómenos que no explicas, como haría
Lietta Tornabuoni o un periodista, incluso indignado, de televisión.
¿Por qué?
Sin embargo, tengo algo que discutir acerca de tu cahier, más
allá de la ausencia de porqués.
Tengo algo que rebatir acerca de esos chivos expiatorios que has creado,
que son: «parte de la burguesía», «Roma»,
los «neofascistas».
Esto pone en evidencia que te apoyas en certezas que valían también
antes.
Las certezas (como te decía en otra carta) que nos confortaron e
incluso nos gratificaron en un contexto clerical-fascista. Las certezas
laicas, racionales, democráticas, progresistas. Tal como son, ya
no valen. El acontecer histórico ha acontecido, y esas certezas
se han quedado tal como estaban.
Hablar todavía de una «parte de la burguesía»
como culpable es un discurso antiguo y mecánico, porque la burguesía,
hoy, es mucho peor que hace diez años y, al mismo tiempo,
mucho
mejor. Toda. Incluida la de Parioli o la de San Babila. Es inútil
que te diga por qué es peor (violencia, agresividad, disociación
del otro, racismo, vulgaridad y hedonismo brutal), pero también
es inútil que te diga por qué es mejor (cierto laicismo,
cierta aceptación de valores que pertenecían sólo
a círculos restringidos, votaciones en el referéndum, votaciones
del 15 de junio).
Hablar de la ciudad de Roma como culpable es volver a caer en los más
puros años cincuenta, cuando turineses y milaneses (y friulanos)
consideraban a Roma el centro de cualquier corrupción, con abiertas
manifestaciones de racismo. Roma, con sus Parioli, no es hoy realmente
peor que Milán, con su San Babila, o que Turín.
En cuanto a los neofascistas (jóvenes) tú mismo te has dado
cuenta de que la noción se ha ampliado inmensamente; la posible
crueldad nazi de que hablas (y de la que tanto vengo hablando yo) no tiene
que ver sólo con ellos.
Tengo algo que rebatir también sobre otro punto del «cahier
sin porqués».
Tú has privilegiado a los neofascistas de Parioli con tu interés
y tu indignación porque son burgueses. Su criminalidad te
parece interesante porque afecta a los nuevos hijos de la burguesía.
Los trasladas de la truculenta oscuridad de la página de sucesos
a la luz de la interpretación intelectual porque su clase social
así lo exige. Te has comportado -me parece- como toda la prensa
italiana, que ve en los asesinos del Circeo un caso que le afecta, un caso
-repito- privilegiado. Si hubieran hecho las mismas cosas unos «pobres»
de los arrabales romanos o unos «pobres» inmigrantes de Milán
o Turín no se hablaría tanto ni de este modo. Por racismo.
Porque a los «pobres» de los arrabales o a los «pobres»
inmigrantes se les considera delincuentes a priori.
Y, sin embargo, los «pobres» de los arrabales romanos y los
«pobres» inmigrantes, es decir los jóvenes plebeyos,
pueden hacer y hacen efectivamente (como cuentan con espantosa claridad
las páginas de sucesos) las mismas cosas que hicieron los jóvenes
de Parioli; y las hacen con el mismo espíritu, idéntico,
que es objeto de tu «descriptividad».
Los jóvenes de los arrabales de Roma hacen cada noche cientos de
orgías («batidas» las llaman) parecidas a las del Circeo;
y también drogados, además.
La muerte de Rosaria Lopez ha sido, muy probablemente, preterintencional
(no lo considero del todo un atenuante): todas las noches, en realidad,
esos cientos de batidas implican un tosco ceremonial sádico.
La impunidad de todos estos años para los delincuentes burgueses
y en particular para los neofascistas no tiene nada que envidiar a la impunidad
de los criminales de arrabal. (Los hermanos Carlino, de Torpignattara,
gozaban de la misma libertad condicional que los pariolinos.) Impunidad
milagrosamente conclusa en parte con el 15 de junio.
¿Qué inferir de todo esto? Que la «gangrena»
no se difunde desde algunos estratos de la burguesía (romana o neofascista)
contagiando al país y por tanto al pueblo. Sino que hay una fuente
de corrupción más lejana y total. Y héme aquí
otra vez repitiendo la letanía.
Ha cambiado el «modo de producción» (cantidades enormes,
bienes superfluos, función hedonista). Pero la producción
no sólo produce mercancías: produce al mismo tiempo relaciones
sociales, humanidad. El «nuevo modo de producción» ha
producido pues una nueva humanidad, o sea, una «nueva cultura»;
ha modificado antropológicamente al hombre (en especial al italiano).
Esta «nueva cultura» ha destruido cínicamente (genocidio)
las culturas precedentes: desde la cultura burguesa tradicional a las diversas
culturas populares, particularistas y pluralistas. Los modelos y los valores
destruidos han sido sustituidos por los modelos y los valores propios de
esa «nueva cultura» (aún no definidos ni nombrados),
que son los de una nueva especie de burguesía. Los hijos de la burguesía
son pues privilegiados al realizarlos, y al realizarlos (con inseguridad
y, por tanto, con agresividad), se ponen como ejemplo ante quienes son
económicamente impotentes para seguirles, y se ven reducidos, justamente,
a la condición de espectrales y feroces imitadores. De ahí
su naturaleza sicaria, de SS. El fenómeno afecta así a todo
el país. Los porqués existen y son muy claros. Claridad que,
lo admito, no se desprende ciertamente de este esquema, redactado telegráficamente.
Pero tú sabes muy bien cómo documentarte, si me quieres responder,
discutir o replicar. Eso es, a fin de cuentas, lo que espero que hagas.
NB.
Los políticos son difícilmente recuperables para una operación
así. La suya es una lucha por la pura supervivencia. Han de hallar
cada día un enganche para permanecer agarrados a él e insertarse
donde luchan (para sí mismos o para los Otros, no importa). La prensa
refleja fielmente su caótica cotidianidad, el torbellino en el que
están presos y en el que se hunden. Y también refleja fielmente
las palabras mágicas, o puros verbalismos («moroteos»,
«doroteos», «alternativa», «compromiso»,
«jungla retributiva»), a los que siguen apegados y a través
de los cuales reducen las perspectivas políticas reales. Los periodistas,
autores de ese reflejo, parecen ser cómplices de esa pura cotidianidad,
que mitifican como si fuera «seria» (como ocurre siempre con
la «práctica»). Maniobras, conjuras, intrigas, negocios
sucios de Palacio pasan por ser acontecimientos serios. Mientras que para
un espectador distante no son más que contorsiones tragicómicas
y, por supuesto, pícaras e indignas.
Los sindicalistas tampoco son de gran ayuda. Lama, bajo el cual suelen
cobijarse todos los hacedores de opiniones como perritas en celo bajo el
perro, no sabría decirnos nada. El es lo mismo y lo contrario, o
sea lo contrario y lo mismo, que Moro, con el que negocia. La realidad
y las perspectivas son verbales: lo que cuenta es un arreglo para hoy.
No importa que Lama se vea obligado a ello mientras que los democristianos
viven de esto. Hoy parece que sólo intelectuales platónicos
(añado: marxistas) -tal vez desprovistos de información,
pero ciertamente desprovistos de intereses y complicidad- tienen alguna
probabilidad de intuir el sentido de lo que está sucediendo realmente:
a condición, por supuesto, de que su intuición sea traducida
-traducida literalmente- por científicos, platónicos también,
a los términos de la única ciencia cuya realidad es objetivamente
cierta como la de la Naturaleza; es decir: la Economía Política.
II Mondo, 30 de octubre de
1975.
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Lettera luterana
a Italo Calvino
Tu dici (“Corriere
della Sera”, 8 ottobre 1975): "I responsabili della carneficina del Circeo
sono in molti e si comportano come se quello che hanno fatto fosse perfettamente
naturale, come se avessero dietro di loro un ambiente e una mentalità
che li comprende e li ammira".
Ma perché questo?
Tu dici: " Nella Roma di oggi quello che sgomenta è che questi esercizi
mostruosi avvengono nel clima della permissività assoluta, senza
più l’ombra di una sfida alle costruzioni repressive....".
Ma perché questo?
Tu dici: "... il pericolo vero viene dall’estendersi nella nostra società
di strati cancerosi...".
Ma perché questo?
Tu dici: "Non c’è che un passo dall’atonia morale e dalla irresponsabilità
sociale (di una parte della borghesia italiana, tu dici) alla pratica di
seviziare e massacrare...".
Ma perché questo?
Tu dici: " Viviamo in un mondo in cui l’escalation nel massacro
e nella umiliazione della persona è uno dei segni più vistosi
del divenire storico (onde criminalità politica e criminalità
sessuale sembrano in questo caso definizioni riduttive e ottimistiche,
tu dici)".
Ma perché questo?
Tu dici " I nazisti possono essere largamente superati in crudeltà
in ogni momento".
Ma perché questo?
Tu dici " In altri paesi la crisi è la stessa, ma incide in uno
spessore di società più solido".
Ma perché questo?
Io sono più di due anni che cerco di spiegarli e volgarizzarli questi
perché. E sono finalmente indignato per il silenzio che mi ha sempre
circondato. Si è fatto solo il processo a un mio indimostrabile
refoulement
cattolico. Nessuno è intervenuto ad aiutarmi ad andare avanti ed
approfondire i miei tentativi di spiegazione. Ora, è il silenzio,
che è cattolico. Per esempio il silenzio di Giuseppe Branca, di
Livio Zanetti, di Giorgio Bocca, di Claudio Petruccioli, di Alberto Moravia,
che avevo nominalmente invitato a intervenire in una mia proposta di processo
contro i colpevoli di questa condizione italiana che tu descrivi con tanta
ansia apocalittica: tu, così sobrio. E anche il tuo silenzio a tante
mie lettere pubbliche è cattolico. E anche il silenzio dei cattolici
di sinistra è cattolico (essi, dovrebbero avere finalmente il coraggio
di definirsi riformisti, o con più coraggio ancora luterani. Dopo
tre secoli sarebbe ora).
Lascia che ti dica che non è cattolico, invece, chi parla e tenta
di dare spiegazioni magari dal vivo, e circondato dal profondo silenzio.
Non sono stato capace di starmene zitto, come non sei capace di startene
te zitto tu ora. "Bisogna aver molto parlato per poter tacere " (è
uno storico cinese che, stupendamente, lo dice.) Dunque parla una buona
volta. Perché?
Tu hai steso un cahier de doléance in cui sono allineati
fatti e fenomeni a cui non dai spiegazioni, come farebbe Lietta Tornabuoni
o un giornalista sia pure indignato della Tv. Perché?
Eppure io ho anche da ridire sul tuo cahier, al di fuori della mancanza
dei perché.
Ho da ridire che tu crei dei capri espiatori, che sono: "parte della borghesia",
"Roma", "i "neofascisti".
Risulta evidente da ciò che tu ti appoggi a certezze che valevano
anche prima. Le certezze che ti dicevo in un’altra lettera che ci
hanno confortato e anche gratificato in un contesto clerico-fascista. Le
certezze laiche, razionali, democratiche, progressiste. Così come
esse sono non valgono più. Il divenire storico è divenuto,
e quelle certezze son rimaste com’erano.
Parlare ancora come colpevole di "parte della borghesia" è un discorso
antico e meccanico perché la borghesia, oggi, è nel tempo
stesso troppo peggiore che dieci anni fa, e troppo migliore.
Tutta. Compresa quella dei Parioli o di San Babila. È inutile che
ti dica perché è peggiore (violenza, aggressività,
dissociazione dall’altro, razzismo, volgarità, brutale edonismo)
ma è inutile che ti dica perché è migliore (un certo
laicismo, una certa accettazione di valori che erano solo di cerchie ristrette,
votazioni al referendum, votazioni al 15 giugno).
Parlare come colpevole della città di Roma, è ripiombare
nei più puri anni cinquanta, quando torinesi, milanesi (friulani)
consideravano Roma il centro di ogni corruzione: con aperte manifestazioni
razzistiche. Roma con i suoi Parioli, non è affatto peggiore di
Milano col suo San Babila, o di Torino.
Quanto ai neofascisti (giovani) tu stesso ti sei reso conto che la loro
nozione va immensamente allargata: e la possibile crudeltà nazista
di cui parli (e di cui da tanto vado parlando io) non riguarda solo loro.
Ho da ridire anche su un altro punto del “cahier senza perché”.
Tu hai privilegiato i neofasciti pariolini del tuo interesse e della tua
indignazione, perché sono borghesi. La loro criminalità
ti pare interessante perché riguarda i nuovi figli della borghesia.
Li porti dal buio truculento della cronaca alla luce dell’interpretazione
intellettuale, perché la loro classe sociale lo pretende. Ti sei
comportato - mi sembra - come tutta la stampa italiana, che negli assassini
del Circeo vede un caso che la riguarda, un caso, ripeto, privilegiato.
Se a fare le stesse cose fossero stati dei "poveri" delle borgate romane,
oppue dei “poveri” immigrati a Milano o a Torino, non se ne sarebbe parlato
tanto in quel modo. Per razzismo. Perché i "poveri" delle borgate
o i "poveri" immigrati sono considerato delinquenti a priori.
Ebbene i "poveri" delle borgate romane e i "poveri" immigrati, cioè
i giovani del popolo, possono fare e fanno effettivamente (come
dicono con spaventosa chiarezza le cronache) le stesse cose che hanno fatto
i giovani dei Parioli: e con lo stesso identico spirito, quello che è
oggetto della tua "descrittività".
I giovani delle borgate di Roma fanno tutte le sere centinaia di orge (le
chiamano “batterie”) simili a quelle del Circeo; e inoltre, anch’essi drogati.
L’uccisione di Rosaria Lopez è stata molto probabilmente preterintenzionale
(cosa che non considero affatto un’attenuante): tutte le sere, infatti,
quelle centinaia di batterie implicano un rozzo cerimoniale sadico.
L’impunità di tutti questi anni per i delinquenti borghesi e in
specie neofascisti non ha niente da invidiare all’impunità dei criminali
di borgata. (I fratelli Carlino, di Torpignattara, godevano della stessa
libertà condizionale dei pariolini.) Impunità miracolosamente
conclusasi in parte con il 15 giugno.
Cosa dedurre da tutto questo? Che la "cancrena" non si diffonde da alcuni
strati della borghesia (romana) (neofascista) contagiando il paese e quindi
il popolo. Ma che c’è una fonte di corruzione ben più lontana
e totale. Ed eccomi alla ripetizione della litania.
È cambiato il "modo di produzione" (enorme quantità, beni
superflui, funzione edonistica). Ma la produzione non produce solo merce,
produce insieme rapporti sociali, umanità. Il "nuovo modo di produzione"
ha prodotto quindi una nuova umanità, ossia una "nuova cultura"
modificando antropologicamente l’uomo (nella fattispecie l’italiano). Tale
"nuova cultura ha distrutto cinicamente (genocidio) le culture precedenti:
da quella tradizionale borghese, alle varie culture particolaristiche e
pluralistiche popolari. Ai modelli e ai valori distrutti essa sostituisce
modelli e valori propri (non ancora definiti e nominati): che sono quelli
di una nuova specie di borghesia. I figli della borghesia sono dunque privilegiati
nel realizzarli, e, realizzandoli (con incertezza e quindi con aggressività),
si pongono come esempi a coloro che economicamente sono impotenti a farlo,
e vengono ridotti appunto a larvali e feroci imitatori. Di qui la loro
natura sicaria, da SS. Il fenomeno riguarda così l’intero paese.
E i perché sono ben chiari. Chiarezza che certo, lo ammetto, non
risulta da questa tabella che ho qui stilato come un telegramma. Ma tu
sai bene come documentarti, se vuoi rispondermi, discutere, replicare.
Cosa che finalmente pretendo che tu faccia.
NB.
I politici sono difficilmente recuperabili a una tale operazione. La loro
è una lotta per la pura sopravvivenza. Devono trovare ogni giorno
un aggancio per restare attaccati e inseriti là dove lottano (per
sé o per gli altri, non importa). La stampa rispecchia fedelmente
la quotidianità, il vortice in cui sono presi e travolti. E rispecchia
anche fedelmente le parole magiche, o i puri verbalismi, cui sono attaccati
riducendovi le prospettive politiche reali ("morotei", "dorotei", "alternativa",
"compromesso", "giungla retributiva"). I giornalisti autori di tale rispecchiamento
sembrano essere complici di tale pura quotidianità, mitizzata (come
sempre la "pratica") in quanto "seria". Manovre, congiure, intrighi, intrallazzi
di Palazzo passano per avvenimenti seri. Mentre per uno sguardo appena
un po’ disinteressato non sono che contorcimenti tragicomici e, naturalmente,
furbeschi e indegni.
I sindacalisti non possono essere di maggiore aiuto. Lama, sotto cui tutti
i facitori di opinione hanno preso l’abitudine di accucciarsi come cagnette
in fregola sotto il cane, non saprebbe dirci nulla. Egli è uguale
e contrario, ossia contrario e uguale a Moro, con cui tratta. La realtà
e le prospettive sono verbali: ciò che conta è un oggi arrangiato.
Non importa se Lama è costretto a questo, mentre i democristiani
vivono di questo. Oggi pare che solo platonici intellettuali (aggiungo:
marxisti) - magari privi di informazione, ma certo privi di interesse e
di complicità - abbiano qualche probabilità di intuire il
senso di ciò che sta veramente succedendo: naturalmente però
a patto che tale loro intuire venga tradotto - letteralmente tradotto -
da scienziati anch’essi platonici, nei termini dell’unica scienza la cui
realtà è oggettivamente certa come quella della Natura, cioè
l’Economia politica.
Il Mondo, 30 ottobre 1975
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