"Pagine
corsare"
Saggistica
Pasolini o la fuerza
del pasado
Coloquio Maresca • Bazzocchi
Círculo
de Bellas Artes de Madrid
Dossier Pasolini, 2005
La actualidad de Pasolini
MARCO ANTONIO BAZZOCCHI
A mi juicio, hay tres aspectos
relevantes para comprender la actualidad de Pasolini. En primer lugar,
está la tragedia de su muerte. Hay dos delitos más o menos
relacionados con la política, muy cercanos entre sí y sobre
los que aún se sigue discutiendo, que han marcado la historia italiana
de la segunda mitad del siglo XX: la muerte de Aldo Moro y la de Pasolini.
De alguna manera, la muerte de Moro es más sencilla; sabemos quién
lo asesinó y por qué. Casi con toda seguridad conocemos también
las circunstancias de la muerte de Pasolini, pero es como si a la gente
le costara aceptar que se trata de un delito común. En Italia se
sigue buscando una explicación política de aquel asesinato.
De algún modo, el cadáver de Pasolini permanece insepulto.
La foto que publicó el Espresso del cuerpo muerto de Pasolini resultaba
sobrecogedora porque aquello no parecía un cadáver sino un
residuo, un desecho quemado, y esa imagen se grabó en la mente de
todos los italianos. Era la primera vez que un personaje público
del mundo de la cultura terminaba de esa manera; era algo que no había
sucedido antes y que, en cierto modo, no ha vuelto a pasar después.
Una segunda razón que explicaría la actualidad de Pasolini
es que no fue sólo un poeta, con su público restringido,
sino que se convirtió en un director de cine de fama internacional.
Sus películas llegaban a millones de personas y él era una
auténtica estrella. El Evangelio según Mateo, por ejemplo,
se proyectó en Notre Dame y, tras la película, tuvo lugar
una mesa redonda en la que participó Sartre. En tercer lugar está
su firme posición política en un momento en el que, en Italia,
la vida política se estaba difuminando. Pasolini comprendió
que, en la práctica, había desaparecido la contraposición
entre derecha e izquierda, y que un nuevo poder de naturaleza fundamentalmente
económica estaba ocupando el vacío que había dejado
esta oposición. Se trata del mismo poder que ha terminado por dominar
Italia en los años ochenta y noventa.
MARIANO MARESCA
La actualidad de Pasolini
tiene mucho que ver con una perplejidad propia de nuestro tiempo: la sensación
de estar asistiendo a procesos de gran calado histórico, que exceden
con mucho nuestra capacidad de comprensión y ante los que nos vemos
desasistidos sin la ayuda de una voz tan lúcida como la suya. Pasolini
no sólo supo entender el momento histórico que estaba viviendo
sino que, además, logró anticipar las claves del mundo contemporáneo.
La actualidad de Pasolini puede leerse, pues, como la necesidad imperiosa
de un tipo de análisis como el que él llevó a cabo.
Marco Antonio ha hablado de la proyección del Evangelio según
Mateo, en Notre Dame, una película particularmente mal recibida
en Francia. Hay una extraordinaria carta de Sartre a Pasolini en la que
le explica por qué su Jesucristo no se entendió bien en Francia.
Pasolini agradeció mucho esta atención y le dedicó
a Sartre uno sus mejores poemas –«Alì dagli occhi azzurri»–
que, a pesar de que se escribió en 1964, parece pensado para los
acontecimientos que estamos viviendo hoy en la frontera de Ceuta y Melilla.
La ineficacia política del arte
MARIANO MARESCA
No creo que se deba evaluar
la intervención política de Pasolini en términos de
eficacia. En todo caso, cabría decir que Pasolini asumió
el riesgo de intentar decir lo que consideraba la verdad de su tiempo y
su lucidez otorgó eficacia a su mirada. Uno de sus grandes aciertos
fue señalar la contradicción en la que está preso
todo intelectual que quiera intervenir en política: el hombre carece
de fuerza al margen de la institución, ya sea ésta la Iglesia
o el Partido Comunista pero, por otra parte, la institución puede
acabar con el esfuerzo individual. De ahí procede su interés
por la figura de San Pablo, que es quien provoca el escándalo porque
predica en el mercado y entre gentiles –este es el aspecto que atrae a
Pasolini–, pero es también el hombre de la institución que
establece las reglas y, por tanto, cancela la posibilidad del cambio. Esta
contradicción es hoy muy importante, ya que hay instituciones, como
los partidos políticos, que podrían haber servido de plataforma
para multiplicar la fuerza del trabajo de los intelectuales y, en cambio,
han hecho todo lo contrario. Por lo demás, el último Pasolini
está marcado por un pesimismo mucho más hondo que el del
Evangelio, que estaba siempre dispuesto a exponerse, a expulsar a los mercaderes
del templo. El Pasolini de Porno-Teo-Kolossal, en cambio, nos muestra que
antes y después del mundo, antes y después de la realidad,
hay un vacío y que, entre tanto, lo que podemos hacer es visitar
el mundo. En este sentido, hay una anécdota que me resulta muy reveladora:
en 1974 –un año antes de morir– su amigo Fabio Mauri idea una performance
en una galería de arte de Bolonia en la que Pasolini se sienta en
una silla, con una camisa blanca y, sobre esta camisa, es decir, sobre
el propio cuerpo de Pasolini, se proyecta el Evangelio. Este proyectar
sobre sí, esta forma de cargar con la Pasión, demuestra que
el Evangelio puede leerse como una película autobiográfica,
pero también que Pasolini está viviendo la experiencia de
alguien que ya no está en este mundo.
Una fuerza del pasado
MARCO ANTONIO BAZZOCCHI
Es preciso tener en cuenta
que, en contra de lo que a menudo se piensa, Pasolini nunca añoró
ideológicamente el pasado o, en todo caso, que su nostalgia no es
un deseo de volver atrás. Pasolini señala una cuestión
fundamental: Inglaterra o Francia se modernizaron gradualmente, mientras
que Italia vivió una industrialización vertiginosa a partir
de 1944, fecha hasta la cual había sido un país rural regido
por patrones decimonónicos. Para Pasolini, este cambio acelerado
–«no ha habido desarrollo sino progreso», decía– provocó
una profunda fractura social: los hijos son muy distintos de sus padres.
Naturalmente, siempre hay y debe haber una lucha entre padres e hijos,
pero antes era un conflicto basado en la dialéctica. En cambio,
según Pasolini, los hijos actuales se han enfrascado en una lucha
muda, ya no quieren discutir con los padres y han convertido la juventud
en un gueto que el mercado ha sabido aprovechar, transformándolo
en una categoría de consumidores. Esto es exactamente lo que ha
sucedido a partir de los años noventa en Italia y, me atrevería
a decir, en toda Europa.
La evolución de su cine
MARCO ANTONIO BAZZOCCHI
El cine de Pasolini, si
bien está marcado por la permanencia de algunos elementos centrales,
también ha sufrido transformaciones fundamentales. Una de las más
importantes tiene lugar con Teorema, que es su primera película
dedicada a la burguesía, frente a las anteriores, centradas en las
clases bajas. Por primera vez, Pasolini tiene que recurrir a actores profesionales:
Silvana Mangano, Massimo Girotti y Terence Stamp. También se ve
obligado a rodar mucho en interiores, aunque las escenas eróticas
las ambienta en el exterior. Otro cambio fundamental tiene lugar en sus
últimas películas, la Trilogía de la Vida y Saló,
en las que se nos ofrece una especie de representación de la juventud
en positivo y en negativo, esto es, de su vitalidad y de su muerte. Con
estos filmes Pasolini cambia su concepción del cine y transforma
algunas de sus reglas. Tal vez lo más llamativo sea la utilización
de historias ajenas –Bocaccio, Chaucer y Las mil y una noches en la Trilogía
de la Vida– que modifica y traduce a su propia realidad. El ejemplo obvio
es el Decamerón, una obra toscana representativa del nacimiento
del gran humanismo italiano, que Pasolini trastoca totalmente al trasladarla
al ambiente popular de Nápoles. Por su parte, Saló es una
película artísticamente mucho más compleja que las
demás. Pasolini decía que se veía obligado a controlar
hasta el color de las tazas de café; quería que toda la película
fuera perfecta, que no hubiera ningún elemento dejado al azar porque
pretendía trasmitir la idea de un mundo totalmente cerrado sobre
sí mismo.
El poder consumista
MARIANO MARESCA
En las Cartas luteranas
hay algunos artículos que son denuncias expresas del consumismo.
Los hay que son verdaderos análisis antropológicos en los
que aborda problemas cotidianos de la juventud italiana –como la droga–,
pero también hay artículos muy brillantes que tratan con
matices cuestiones más abstractas. Estoy pensando, por ejemplo,
en el artículo sobre el lenguaje de las cosas en el que trata de
demostrar que el mundo ha cambiado de manera tan radical que la comunicación
es casi imposible. La gran ventaja del análisis del consumismo que
hace Pasolini es que no es moralista. Hay un texto particularmente lúcido
de los años setenta en el que define la burguesía como una
enfermedad contagiosa. La burguesía es como un vampiro que inocula
a sus víctimas su propia condición y ese es el secreto de
su eficacia diabólica.
La religión
MARCO ANTONIO BAZZOCCHI
Hay aquí tres elementos
que no hay que confundir. Por un lado, está la Iglesia como institución
con sus propias reglas. Pasolini cree que la Iglesia se ha vendido al poder
consumista y halla una prueba irrefutable en el hecho de que no haya protestado
ante la publicidad de una marca de pantalones que muestra el culo de una
mujer con la leyenda: «Amarás estos vaqueros por encima de
todas las cosas», una paráfrasis del primer mandamiento. El
segundo elemento no es político sino biográfico: se trata
del catolicismo de Pasolini. Aunque Pasolini dice que no se siente católico,
como todo burgués italiano tiene una formación católica
que no puede obviar. De hecho, toda su vida constituye un intento de combatir
el moralismo del catolicismo, de no ceder frente a su ritualismo carente
de valores. No obstante, Pasolini reconoce que, al menos en el Friul, el
catolicismo ha creado ciertas bases positivas de convivencia. En tercer
lugar, está el espacio de lo sagrado, que no debe confundirse ni
con el catolicismo ni con la religión. Pasolini dice que para él
todos los aspectos de la realidad son sagrados, la sacralidad no estaría
ligada a lo divino sino a las cosas elementales: la hierba del campo, los
árboles... No se basa en una dimensión trascendente, sino
en la realidad concreta de las cosas.
MARIANO MARESCA
La relación de Pasolini
con la religión constituye, a mi entender, uno de los problemas
más complejos de su obra. Hoy sería fácil hacer una
lectura insidiosa de su obra diciendo: «He aquí un defensor
de la buena fe del pueblo…». Nada sería más equivocado.
Creo que el sentido de la religiosidad de Pasolini podría entenderse
a partir de algo que dice a propósito del Evangelio de Mateo: afirma
que al leerlo ha sentido un aumento de vitalidad que quiere agradecer con
su película. ¿Qué es lo que le ha dado este texto?
¿En qué consiste ese aumento de vitalidad? Le ha proporcionado
energía y probablemente lo ha hecho más humano, en la medida
en que le ha hecho cobrar consciencia del enigma que él mismo es
para sí. Pasolini se mostraba francamente escandalizado de la falta
de sensibilidad de sus contemporáneos para lo sagrado y lo enigmático.
Hemos dejado de ser un enigma para nosotros mismos y eso es terrible, nos
deja desarmados.
Más acá del nihilismo
MARCO ANTONIO BAZZOCCHI
En Petróleo Pasolini
escribe que cuando se ha comprendido que todo es inútil, que no
hay nada que hacer, se adquiere una sonrisa especial, los ojos brillan
con una luz nueva y aún es posible enseñar algo a los demás.
Pasolini intenta eludir el peligro del nihilismo de un modo similar al
que propone el último Foucault cuando habla de una tecnología
del yo, un «cuidado de sí» casi físico que va
más allá de la vieja terapia psicoanalítica y que
implica la construcción cotidiana de uno mismo. Habrá quien
diga que esto desemboca en una forma de esteticismo pero, en todo caso,
se trata de un esteticismo que no pretende solucionar dialécticamente
los problemas sino que tiene presente la negatividad, el problema de la
nada y de lo trágico.
MARIANO MARESCA
Saló era un universo
cerrado en sí mismo absolutamente insoportable. En Saló la
vida equivale a la muerte. El paso siguiente no consiste en negar que Saló
sea una descripción exacta del mundo real, sino en tomar cierta
distancia que, a partir de la conciencia de que todo es inútil,
nos permita volver a hacer algo. Eso es lo que intenta Pasolini en Porno-Teo-Kolossal.
La película empieza con una vista de la Tierra desde el espacio
sideral, desde la máxima distancia, a continuación se aproxima
a ella y, al final, vuelve a alejarse.
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Marco Antonio Bazzocchi
Circe e il fanciullino:
interpretazioni pascoliane, Scandicci, La Nuova Italia, 1993
L’immaginazione mitologica.
Leopardi e Calvino, Pascoli e Pasolini, Bolonia, Pendragon, 1996
Pier Paolo Pasolini,
Milán, Mondadori, 1998
Leopardi e Bologna,
Florencia, Olschki, 1999
Mariano Maresca
Hipótesis sobre
Clarín. El pensamiento crítico del reformismo español,
Granada, Diputación Provincial, 1985
Saló: el infierno
según Pasolini, Córdoba, Filmoteca de Andalucía,
1993 [con Juan Ignacio Mendiguchía]
«El malestar en
la libertad: introducción a un debate», en Mientras tanto,
70, 1997
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INVITO
ALLA LETTURA:
BRANI
DI PIER PAOLO PASOLINI
TUTTI
GLI AGGIORNAMENTI
A
"PAGINE CORSARE"
DA
OTTOBRE 1998
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