. |
.. |
"Pagine
corsare"
Libri
Esteban Nicotra, traduttore
in Argentina di Pier
Paolo Pasolini
Esteban
Nicotra. poeta e professore della cattedra di Letteratura Italiana
e del Seminario di Traduzione Letteraria dall'Italiano della Facoltà
di "Filosofía y Humanidades" della università di Córdoba,
informa i visitatori di "Pagine corsare" sulle sue traduzioni, con saggio
introduttivo e note, dei libri pasoliniani Dal diario (1945-47)
e da Empirismo eretico, quest'ultimo uscito nello scorso luglio
nella collana "Vital", che Nicotra co-dirige con Sylvia Nasif della editoriale
Brujas di Córdoba (Argentina). Si tratta delle prime traduzioni
in lingua spagnola di tali opere.

"Pagine corsare" propone qui
di seguito due recensioni, in spagnolo, del volume Del Diario (1945-47),
tradotto appunto da Esteban Nicotra e la cui copertina appare qui sopra
(a sinistra); a destra, la copertina dell'ultimo lavoro di Esteban Nicotra,
la traduzione di Empirismo eretico (Empirismo herético)
di Pier Paolo Pasolini.
* * *
“Este es el tiempo en que espero
la gracia”:
la poesía de juventud de Pasolini
Fabián O. Iriarte,
"BazarAmericano.com"
Sobre:
Pier
Paolo Pasolini. Del diario (1945-47) ed. bilingüe. Traducción
de Esteban Nicotra. Córdoba, Editorial Brujas, colección
Vital, 2002; 95 páginas.
Qué contagioso es
el ánimo del poeta cuando, en un arranque de “alegría ingenua,
incontrolable”, exclama: “Este es el tiempo en que río, en que lloro,
/ éste es el tiempo en que espero la gracia, / éste es el
tiempo en el que soy feliz, / éste es el tiempo en que voy a los
campos, / éste es el tiempo en el que miro el cielo...”. A estos
momentos de alegría, por supuesto, los preceden y siguen otros momentos
más graves, de seriedad, de melancolía, de absoluta congoja.
Pero nos quedamos por un instante con esa epifanía señalada
por el poeta, su “interna alegría”, esa “física alegría
de la vida que se vive sola” antes de que se desvanezca. Quizás
no nos deba sorprender ese estado de ánimo, si tomamos en cuenta
que estos son poemas de juventud de Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia,
1975), escritos cuando tenía entre 23 y 25 años.
El libro que los recoge,
“Dal Diario (1945-47)”, se publicó en 1954, el mismo año
en que también verían la luz “Il canto popolare” y “La meglio
gioventù: poesie friulane”, su colección de poesía
dialectal que obtendría el Premio Carducci. Ningún italiano
puede ignorar la doble tradición lingüística y poética
de su país: la tradición monolingüe de estirpe petrarquesca
y la tradición plurilingüe de estirpe dantesca. “Inclusive
hoy”, dice el poeta norteamericano Dana Gioia en la introducción
a su antología “New Italian Poets”, “casi todos los italianos hablan
un dialecto local además del toscano. Este lenguaje oral, cotidiano,
familiar, sirve para definir y preservar la identidad comunitaria de cada
región”. Pasolini había estado experimentando desde sus inicios
con el dialecto de Friuli.
En 1941, año en que
su padre es enviado a la guerra en Africa oriental y hecho prisionero de
los ingleses hasta 1945, compone poemas en friulano, que en julio del año
siguiente publica con el título “Poesie a Casarsa”. Con este libro,
afirma Attilio Bertolucci, Casarsa “entra en la geografía poética
europea”.
En 1943, su hermano Guido
es arrestado por sus actividades políticas. Pier Paolo es reclutado
por el ejército en septiembre, pero a los pocos días en Livorno
logra escapar de los alemanes, que habían apresado a su compañía.
En 1945 su hermano Guido, junto con otros compañeros, es asesinado
por guerrilleros comunistas aliados con partisanos yugoslavos. Ese vacío
fraternal deja huellas en la producción del poeta, que recuerda
el tiempo en que su madre se peinaba “en el espejo, / usanza antigua como
lo es tu luz, / pensando en ese hijo ya sin vida”.
Pasolini funda la Academia
de Lengua Furlana y traduce al dialecto poesía de Wordsworth, Verlaine
y Juan Ramón Jiménez. En noviembre se gradúa en la
Universidad con una tesis sobre Giovanni Pascoli y comienza a trabajar
como profesor de Letras en un colegio secundario. Publica “Diarii” -uno
de cuyos textos es seleccionado por Montale para “Il Mondo” de Florencia-
y luego “I Pianti” (1946), mientras se inicia su acercamiento al Partido
Comunista Italiano.
Se trata de la época
anterior al escándalo ocurrido en 1949 por “corrupción de
menores” y “actos obscenos” que causa su expulsión del partido y
su huida a Roma con su madre en 1950, donde se abre una nueva etapa en
su vida y su carrera. Más tarde declararía, en “Le belle
bandiere” (1977), “Entonces vivía en Friuli, que era un país
ideal casi fuera del espacio y del tiempo, una especie de Provenza sentimental
y poética, sobre todo para mí, que escribía poesías
rimbaudianas o verlainianas o lorquianas en friulano”. Las luchas campesinas
pronto le abrirían los ojos y los oídos.
Esta edición bilingüe
de “Del diario” consta de un extenso ensayo, “Pier Paolo Pasolini: exilio,
pasión, poesía”, a manera de introducción, seguido
de una bibliografía y filmografía y finalmente los diecisiete
poemas que componen el breve libro.
El traductor, Esteban Nicotra
(Villa Dolores, 1962), enseña literatura italiana y dirige el seminario
de traducción literaria en la Universidad Nacional de Córdoba.
Fue becario del Fondo Nacional de las Artes en poesía y de la Secretaría
de Ciencia y Técnica de la UNC. para estudiar la obra de Pasolini.
Entre 1988 y 1990 siguió cursos de literatura italiana en la Universidad
de Florencia. Con su versión de “Gente di corsa”, de Tiziano Rossi,
fue ganador del concurso de traducción de poesía italiana
contemporánea organizado por el Gobierno de Italia. En colaboración
con su hermano Pablo Anadón tradujo textos de Dino Campana, Giuseppe
Ungaretti, Umberto Saba, Cesare Pavese y Valerio Magrelli, entre otros.
La traducción de
estos poemas logra un ritmo fluido y una combinación de sonidos
vocálicos y consonánticos semejantes a los de los textos
originales; se lo comprueba al leerlos en voz alta. El traductor ha recurrido
a menudo al verso endecasílabo como medida central alrededor de
la cual se concentran otros versos de diferente medida. A veces debe añadir
una u otra palabra: en la versión española del verso “E nell'
interno della morta casa”, la casa no está solamente “muerta” sino
también “umbrosa.”: “En medio de la muerta, umbrosa casa”. Sin embargo,
el nuevo adjetivo no se opone al campo semántico del poema (donde
el hablante interroga a su propio consciente para leer su historia), sino
que lo amplía y profundiza. Unas pocas elecciones léxicas
parecerán extrañas (“la comba límpida del cielo”;
“límpidos estrídulos de las golondrinas”), pero al releer
los poemas nos damos cuenta de que estas palabras no sólo resultan
coherentes con la descripción del universo rural pintado por el
poeta y su descubrimiento del mundo circundante, sino que también
producen en el lector el efecto de extrañeza que probablemente tuvo
el autor mismo al pasar del dialecto friulano al italiano. Mérito
del traductor de sugerirlo con apenas unas pocas palabras.
En su introducción,
que abarca toda la trayectoria de Pasolini, antes y después de los
poemas seleccionados, Nicotra analiza los principales temas y obsesiones
del poeta según dos coordenadas sugeridas por el título de
uno de sus libros: la pasión y la ideología. En “Del diario”
parece dominar la pasión, pero ya se ve a la ideología abriéndose
camino, el despertar de la conciencia individual e histórica. Lo
interesante de esta selección es que presenta a un Pasolini menos
conocido, menos público que la figura célebre de las décadas
de 1950, 1960 y 1970. Frente al polemista que ha leído a Gramsci
o al cineasta escandaloso y controvertido, tenemos aquí todavía
al joven que sale a dar un paseo por el prado y escucha el canto del agua,
aun cuando, “ajeno / a su interna alegría y fresca risa”, ya presiente
las decepciones del porvenir: “Ah, fuente límpida de Vinchiaredo,
/ humildes aguas, tiernísimas ramas, / hoy, con veinte años,
las veo, las oigo, / con la vieja alegría indiferente”. El adjetivo
es sumamente ambiguo: ¿la alegría es indiferente porque al
poeta, ya consciente de la densa realidad de la guerra y la política,
no le importan la belleza y la calma de este paisaje, o porque se trata
de una alegría recobrada, ingenua, infantil, que no se da cuenta
y no da cuenta de la terrible realidad en que florece? Leer estos poemas
es como leer las páginas de un diario íntimo. Pasolini mismo
sugiere este género desde el título que dio a su colección.
Son pequeños intentos de captar un instante, de delinear los contornos
de una sensación que se fuga, por medio de pinceladas y trazos rápidos,
de descripciones urgentes, a fin de develar (muchas veces sin lograrlo)
su sentido: el sentido de la realidad que trasuntan. “Todo se mezcla /
en mis sentidos”, confiesa el poeta, “con la golondrina/ que pasa, y, sobre
la hierba tendido, / sólo me queda el vivo corazón.”
Como en una fuga, varios
temas aparecen y desaparecen en la superficie de los poemas. Todos se desarrollan
en un espacio amplio, ilimitado, bucólico. En ese `locus amoenus´
el poeta joven anota meditaciones sobre la juventud, la felicidad y la
tristeza, y los sonidos y silencios que pueblan su soledad. Nicotra señala
que un espacio a-histórico “sagrado” constituye el fondo inspirador
de la poesía pasoliniana, manifestado en tres espacios consecutivos:
el Friuli de 1940, la Roma de 1950 y el Tercer Mundo de 1960. En el Friuli
de 1940, halla la inspiración tanto dentro de su casa (“mi cuarto
desierto”) como fuera de ella, en un “espacio tremendo” o espacio lúcido
“bajo la comba límpida del cielo”, donde fuentes y prados, nubes,
sol y río, el “vacío donde vive / el son del agua” constituyen
el “último límite” de su existencia. En ese “nimbo de paz”
resuenan los primeros topónimos que aprendió a pronunciar:
Livenza, Sacile, Vinchiaredo, Carnia, Casarsa. En esos lugares, el sonido
es parte del silencio. Por eso el poeta es capaz de decir que el olor de
esos campos puros es como un “grito silencioso”.
La sinestesia, común
en la experiencia que anima estos textos (en otro poema el autor cierra
sus ojos para percibir un “ciego silencio”), se resuelve en una imagen
oximorónica, que -según Franco Fortini- es la figura característica
del escritor. A veces escucha “dos voces” de jóvenes enamorados,
el rumor del agua que canta, el viento y el chirriar de los grillos o el
rumor de una mosca que triza su silencio, el ruiseñor airado que
“alza su canto hacia el árido azul de la mañana”, el sonido
de campanas, todo lo que forma parte de la “sorda música del campo”.
Otras veces, “todo calla”, el cielo está mudo, sin un sonido, el
sonido claro de sus pasos es tragado por el silencio sideral y sólo
queda para reconocer “la palabra no dicha”.El oxímoron del “urlo
silenzioso” y la “parola inespressa” también se manifiesta a nivel
interno, psicológico: el joven poeta se descubre a menudo reprimiendo,
y otras veces soltando, un grito: “Siento un grito / nacer dentro de mí
(la infancia entera / se me aparece), un grito que me anule / al fin”.
Nunca estamos seguros de que sea él mismo u otro niño quien
ha gritado, pero lo reconocemos -y él se reconoce- en ese “fanciullo”.
En un poema se pregunta: “¿Un niño grita o sueño?,
grita o canta, / grita en los mudos campos, estoy vivo, / un niño
grita”. Y en otro: “¿Yo he gritado? ¿Y no se apaga el eco?
/ ¿No es más lejano el grito/ que las nubes? ¿No pude
sofocar mi alegría / ingenua, incontrolable?”. Los gritos pueden
ser de alegría en muchas ocasiones, pero se trata de una alegría
que fácilmente se vuelve tristeza: “Ah, ya no es para mí
esta belleza / de cristal, esta amarga primavera: / un grito, aunque sea
de alegría, / y estaría vencido”.
Aun cuando se trata de poesía
de juventud, el poeta siente ya el peso de los años, ve pasar ante
sus ojos su “infancia entera” y su pasado, habla de sueños lejanos
y lamenta cómo “inmóvil ha pasado el tiempo”. Es una poesía
de mirada retrospectiva y de pérdida de la inocencia: “Y basta aún,
/ (lo sé y no lo escondo) una violeta / para que me desflore un
corazón de muchacho”. El oxímoron del tiempo que pasa inmóvil
se traduce a nivel personal en esa “envejecida adolescencia” que cree caracterizarlo.
Pasolini no deja de examinar nada en su mirada al pasado: el recuerdo de
la vida familiar, de su infancia y de su época veinteañera.
Tampoco su conciencia sola ni su Conciente frente al espejo quedan a salvo
del escrutinio. Sabe que el pasado enternece los recuerdos, pero también
que la adolescencia en todos sus aspectos puede persistir en la escritura.
Si se pregunta: “¿Quién a mi vida, de pronto, me enfrenta?”,
entonces quizás el acto de escribir sea precisamente el examen de
conciencia a que alude. El poema escrito lo pone frente a su vida.
Muchos son los paralelismos
que ha hecho la crítica entre Pasolini y Sandro Penna; muchos son
los temas que comparten y por los cuales se los ha comparado: la imagen
del “fanciullo”, niño o adolescente que cifra las características
opuestas de inocencia y experiencia; la imagen de los trenes y andenes
que trasuntan el ansia de conocer otros lugares; el ahistoricismo; la “alegría
de vivir” que se traduce en tristeza o en “extraña alegría”;
la figura del poeta como un ser apartado de la sociedad: “Al bajar del
andén vuelvo a escuchar, / ralo, un chirriar de grillos que me dicen
/ que de mi vuelta aquí nadie se alegra”. No sorprenden estas similitudes,
ya que el propio Pasolini le confesó a Penna en una carta de 1974:
“Yo he hecho un culto de ti”. Por otra parte, las características
de la poesía de Penna que Pasolini analizó en el ensayo que
le dedicó en “Passione e ideologia” (1960) se entrecruzan con su
propia poética.
El hombre apartado del mundo,
que va por oscuras soledades, que por más que busque con su mirada
solamente encuentra un vacío, que deja solo al mundo, que se refugia
en su cuarto desierto, que deja a su vida vivirse sola, ya anuncia en el
primer poema: “Entre picos soleados y el silencio / habitual de la cándida
campaña / cuido una soledad mortal / en la mortal mañana”,
dejando en claro, con la repetición del adjetivo “mortal”, el hecho
ineludible que deberá enfrentar tarde o temprano. La guerra al fondo,
ausente en los primeros dieciséis poemas (o apenas aludida en los
aviones que sobrevuelan la campiña), se despliega en todo su horror
en el poema final, “Europa (1945-1946)”. Pero la guerra es solamente una
manifestación de una realidad profunda, más amplia, que el
poeta sabe que existe pero para la cual todavía no tiene una palabra
que la defina: “Para mí canta el agua: pero ajeno / a su interna
alegría y fresca risa, / me atormento mirándola [...] / En
verdad, / es otra cosa la que, oculta, cerca, / canta impasible en esas
aguas”. Los poemas de este “diario” son un intento de nombrar esa “otra
cosa” que canta.
* * *
La dolorosa voz de una época
Alejandro Patat, "La
Nacion"
Del Diario (1945-47)
Por Pier Paolo Pasolini-(Brujas,
Córdoba), Trad.: E. Nicotra, 95 páginas
Pier
Paolo Pasolini nació en Bolonia en 1922 pero, debido a los constantes
traslados de su padre, militar, a los veinte años se instaló
en Casarsa, el pueblo natal de su madre, en la región del Friuli.
En 1942, publicó su primer libro, Poesías en Casarsa
, que diez años más tarde formaría parte, junto a
nuevas composiciones friulanas, de su célebre La mejor juventud
, escrito en dialecto friuliano y otras variedades del véneto. En
esos mismos años Pasolini seguía sus estudios de Letras en
la Universidad de Bolonia, donde frecuentaba las clases magistrales de
Roberto Longhi, el mayor crítico de arte del siglo XX en Italia,
cuyo lenguaje pirotécnico signó no sólo su prosa,
sino también su carrera. En 1949, con su traslado a Roma, comenzó
para Pasolini una nueva e intensa etapa creativa: además de su intensa
prosa ensayística (Pasión e ideología), su
polémica, aunque exitosa, incursión en la prosa (Chicos
de la calle, Una vida violenta), su notable producción
cinematográfica y teatral, se produjo en su poesía un nuevo
viraje (El ruiseñor de la Iglesia Católica, Las
cenizas de Gramsci, La religión de mi tiempo) en que
el poeta se identifica psicológica -y luego, ideológicamente-
con el mundo de los desamparados y de los marginales de Roma.
Del diario es un libro
imprescindible para comprender la lenta transformación de la poesía
de Pasolini hacia nuevos horizontes urbanos, portadores de ideología.
La versión de Nicotra, fiel al original, aunque por momentos libre,
logra recrear la convivencia del arcaizante verso pascoliano que todavía
sobrevive en el Pasolini de los años 50 con la evidente irrupción
de la nueva modalidad, que anticipa sus libros más célebres.
Publicado en Italia en 1954
y traducido por primera vez al castellano, Del diario (1945-1947)
es un testimonio de aquellos momentos en que el poeta asiste, desgarrado,
al fin de la "infancia", entendida como sacra juventud. Son versos de una
sutil belleza, conmovedora por su encanto primitivo ("suspira/ el grillo
por los campos solitarios/ y mi madre se peina en el espejo") y por su
delicada indagación psicológica ("En este nimbo de impotente
paz/ donde hace años me encuentro,/ sé, no recuerdo. Como
un cielo puro/ en torno a mí se extiende mi pasado."). Ante la visión
mítica y cristalizada de la infancia y juventud puras ("Mi cuarto
tiene encantos de ramos./ El lecho cándido desordenado"), se eleva,
amenazante, la voz adulta, que anuncia otro destino ("Ah, ya no es para
mí esta belleza/ de cristal, esta amarga primavera"). Es el "espacio
tremendo", como reza uno de los versos, en que se adivina, entre el paisaje
armónico y la convulsión vedada de los sentimientos, la fuerza
del deseo.
La primera parte de Del
Diario concluye con una imponente profecía del yo, que recuerda
el ejercicio permanente de Leopardi, cuando, anulando el presente, se veía
a sí mismo en el futuro añorando un pasado desperdiciado,
no vivido. Escribe Pasolini: "En medio de la muerta, umbrosa casa/ de Casarsa,
sonríes tú, °oh Consciente!,/ y en tu mirada fija, de
maníaco, yo leo mi historia. Allí está/ el cuarto,
tumba de tibiezas y de/ sombrías soledades de mi cuerpo". La segunda
parte del libro, "Europa", está compuesta por algunas poesías
que anticipan, ahora claramente, la futura estación poética
de Pasolini, representada sobre todo por Las cenizas de Gramsci:
"El barco ebrio se hunde... Entre vórtices/ de aguas e inmensas
lejanías,/ Yo no quiero ser hombre ". El último verso, en
bastardilla en el original, perteneciente a un antiguo místico alemán,
abre el camino a un combate que hará del Pasolini lírico
de los primeros años un pedagogo, un intelectual, un mártir
y, en nuestros días, un visionario.
En su apretada y acertada
introducción al libro, Esteban Nicotra, poeta, crítico y
traductor cordobés, sostiene que "pasión" e "ideología"
constituyen los dos maderos de una cruz (el primero, vertical y sincrónico;
el segundo, horizontal y diacrónico) con que se identifica transversalmente
la obra del poeta italiano. A partir de dicho concepto, Nicotra repasa
las instancias sucesivas de la poética pasoliniana: la búsqueda
de una pureza primigenia, que sobrevive en la mítica "humilde Italia"
antes de la guerra, en consonancia con el amor virgíneo por la madre;
la breve y conmovida exaltación ante la promesa coral y colectiva
de la Resistencia; la inmediata conciencia de la victoria arrolladora de
los valores del neocapitalismo de posguerra y el consecuente desvanecimiento
de toda ilusión liberadora y, en fin, "en nombre de la fuerza revolucionaria
del pasado", la solitaria denuncia del fracaso de la Historia. Pasolini
enuncia su arte desde su condición permanente de exiliado, sostiene
el crítico cordobés. De allí que en esta pequeña
colección de poesías, que, en una bella intuición
crítica, Nicotra llama "matinales", hallamos el pasaje de su primera
fase poética -la de los mitos fundacionales: la pureza del paisaje
físico y del universo anímico del poeta- al nacimiento de
la auténtica voz pasoliniana, libre, virgen, despojada.
Con sus libros poéticos,
Pasolini se transformó en la dolorosa voz testimonial de su tiempo.
Sus últimas obras (Poesías en forma de rosa, Poesías
inéditas, La nueva juventud) se convierten, en fin, en
un acto desesperado de denuncia, que culmina con su asesinato-martirio
en 1975. En 1977, a dos años de la violenta desaparición
de Pasolini, el notable crítico italiano Alberto Asor Rosa culminaba
su imponente libro La cultura con una imagen significativamente
simbólica: el poeta ha muerto. La muerte del poeta indicaba, ya
hacia fines de los años setenta, el fin de la figura del autor-intelectual
en Italia, como así también, el fin de una concepción
del arte, entendido como lucha en fermento, como escándalo antivanguardista,
como "pasión e ideología".
----------
Esteban Nicotra è
poeta e professore della cattedra di Letteratura Italiana e del Seminario
di Traduzione Letteraria dall'Italiano della Facoltà di "Filosofía
y Humanidades" della università di Córdoba. Da anni traduce
i poeti italiani (Pavese, Pasolini, Ungaretti, Sbarbaro, Saba, Conte, ecc.).
Recentemente ha pubblicato (anche per la prima volta tradotti allo spagnolo)
l'ultimo libro del poeta milanese Maurizio Cucchi, Per un secondo o
un secolo, nella collana "Vital", e il libro di un altro milanese,
Tiziano Rossi, Gente di corsa (premio Viareggio-2000) dell'editoriale
Atuel di Buenos Aires. Nel 1996 ha organizzato un corso all'università
con una grande mostra dei film pasoliniani, l'hanno scorso ne ha fatto
un'altra al Cineclub del municipio di Córdoba, e ha scritto diversi
saggi e tradotto diversi testi pasoliniani per riviste argentine.
|